Puede que hayas llegado hasta aquí buscando hoteles en Mallorca u hoteles en Creta. O tal vez estés planeando tus próximas vacaciones en Montenegro, con la intención de alojarte en hoteles en Herceg Novi. Sea como sea, hay un hilo invisible que une a estos tres destinos de playa. Síguelo mientras lees este artículo para ampliar tu campo de visión a lo largo y ancho de este emocionante viaje por el Mediterráneo que te proponemos. El reflejo plateado de las olas lo irá haciendo perceptible a tus ojos. Un trío de miradas te llevará por España, Grecia y Montenegro

España: arte, sabor y herencia mediterránea

El Mediterráneo andaluz y balear: dos costas, una sola alma

De la costa gaditana a las calas ibicencas, el lado más hedonista del Mediterráneo vibra alto entre dos orillas. Y es que ambos destinos comparten una personalidad alegre y espontánea, que te conectará con el aquí y ahora haciendo que te olvides de todo lo demás.

Los casi 140 kilómetros de playa de Cádiz, con sus chiringuitos, sus noches que no acaban y su alegría, son perfectos para disfrutar del sol y del mar durante un viaje con amigos. En lugares como Tarifa, Bolonia, Los Caños de Meca o la exclusiva Sancti Petri, donde se ubican los mejores hoteles en Cádiz de la zona de Chiclana de la Frontera, conectarás con la naturaleza al mismo tiempo que practicas tus deportes acuáticos favoritos. En especial, el surf en todas sus modalidades.

Desafiando el tópico, hay hoteles en Ibiza que son ese remanso de paz que no sabías que necesitabas. Sí, tal vez el momento relax llegue después de salir de fiesta: pero, sin duda, te vas a enamorar de la otra cara de la isla blanca. Como es Canar, cerca de Santa Eulalia y de San Carlos, un área que ha sabido conservar su espíritu hippie heredado de los años 60 entre bosques de pinos, playas escondidas, huertos ecológicos y casas payesas.

Del flamenco a Miró: un legado que respira identidad

La mediterraneidad también es música con raíces, arte de vanguardia y… todo lo que las une. Pero ¿qué tienen en común, por ejemplo, expresiones como el flamenco y la obra de Joan Miró? Muy fácil: ambas respiran una misma identidad mediterránea. Y pueden resultar tan modernas como reivindicativas de las tradiciones. Mientras que el flamenco se renueva a partir de la herencia intergeneracional de Andalucía o de Cataluña, artistas como Miró dejaron su inconfundible sello en sitios como Barcelona y Mallorca, donde las galerías y los museos son sólo el principio de un viaje emocional al margen de lo establecido. Hoy, sus edificios modernistas, sus cuadros o sus esculturas nutren un legado y dejan el camino abierto a lo que vendrá. 

Además, la isla balear es un destino ideal para ser vivido en familia. Alójate en los mejores hoteles familiares en Mallorca para descubrirla con los tuyos desde la creatividad.

una persona sosteniendo una mano debajo de un edificio con columnas

Del pasado al presente: cómo vive Grecia su legado

La mitología griega es como un cuento narrado a la luz de una hoguera, bajo un cielo cubierto de estrellas y con el sonido del Mar Mediterráneo de fondo. Sus leyendas han dado forma a gran parte del pensamiento occidental tal y como lo conocemos hoy (por no hablar de su lengua clásica); por eso, al profundizar en estos relatos, notarás que una parte de ti se reconoce en ellos. Pasado y presente se dan la mano en historias que explican el mundo mediante la moraleja y la metáfora, algo que también encantará a los más pequeños.  

Además de experiencias inolvidables en los hoteles familiares en Creta, la isla acoge e incluso protagoniza algunos de los mitos griegos más representativos. En el del Minotauro, el rey Minos ordena construir un laberinto del que fuese imposible salir, custodiado por un temible Minotauro. Muchos de sus enemigos sucumbieron a esta trampa mortal hasta que el héroe Teseo consiguió vencer al guardián (mitad toro, mitad humano) y escapar ileso. Podrás visitar las ruinas del laberinto de Creta durante tu estancia, localizadas junto al Palacio de Knossos, la suntuosa residencia del rey.

Montenegro: autenticidad balcánica junto al Adriático

Bocas de Kotor: donde la historia se asoma al mar

En el Adriático (la parte del mar Mediterráneo comprendida entre Italia y los Balcanes) la costa montenegrina brilla con autenticidad propia. Se trata de un destino exclusivo y discreto, lleno de matices, de historia y de impresionantes paisajes. Bocas de Kotor, también conocida como la Bahía de Kotor, salvaguarda su pasado como refugio de barcos en la Antigüedad, cuando el Imperio Veneciano, del que formaba parte, la fortificó para defenderse de los ataques enemigos. Visítala para perderte navegando entre sus rincones y explorar su herencia aventurera, alojándote en los hoteles en Montenegro más especiales. 

La ciudad medieval de Kotor, ubicada en una colina sobre la bahía, será tu puerta de acceso a la elegancia de antaño. Ha sido doblemente reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ya que pertenece al mismo tiempo a la Región Natural y Cultural-Histórica de Kotor y a las Obras de Defensa venecianas de los siglos XVI y XVII. Su valor universal se mide en calles empedradas repletas de iglesias monumentales, museos, palacios y cafés centenarios. Pero también en sensaciones. Pasear por ella es uno de esos planes que no pueden faltar en tus escapadas.

Tradiciones vivas entre monasterios y mercados locales

Para continuar conociendo la riqueza cultural de Montenegro, te proponemos recabar en los hoteles en Herceg Novi que rodean a esta fotogénica ciudad costera. Su nombre significa “castillo nuevo”. Allí, muy cerca de la Bahía de Kotor, el Mediterráneo extiende su energía alada entre monasterios y mercados locales. Sus playas tampoco se quedan atrás en cuanto a belleza y tradiciones vivas, componiendo el núcleo del destino. ¿Una visita obligada? El Monasterio de la Savina, un atípico santuario localizado a apenas dos kilómetros de la ciudad. Acoge tres iglesias que constituyen todo un prodigio de la arquitectura mediterránea de corte barroco y bizantino: dos dedicadas a la Asunción de la Virgen, y otra consagrada a San Sava, el fundador de la iglesia ortodoxa serbia.